Hurtar por hambre
Por:
Xiomara Bances Ramírez
¿Cómo fue la vida de los pobres y miserables del siglo
XIX? ¿La aristocracia tuvo en cuenta los padecimientos de su pueblo? Mucha
gente paso miseria, hambre y frio
sentían que no valían nada y estaban sometidos a desprecios y peligros de
muerte. ¿Pero qué sucedía para que padezcan todo eso? El siglo XIX pasaba por
una crisis, pues se realizó un nuevo régimen, justificado con la razón, en
donde según el rey proclamaba: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.
Durante mucho tiempo la gente tuvo que
tomar nuevos rumbos que hicieron convertirlos en ladrones, egoístas y crueles.
Pero la necesidad es una razón para robar y ser
acusado por un acto que realizaste para sobrevivir, siendo señalado por la sociedad
como un peligro, ademas no existe un camino más accesible para líbranos de todo
ese problema y convertirte en un hombre bueno y luchador a pesar de las
distintas y numerosas miserias.
Pocos sabrán la historia de este hombre cuyo destino
lo llevo a vivir en padecimientos y tener que cometer un delito por alimentar a
su familia, jean valjean es este joven que paso 19 años por robar un pan. ¿Se preguntaran qué valor tiene el pan para
encarcelar a un hombre que solo buscaba alimentarse? Pues no solo él buscaba
esto o alimentar a su familia sino que un pueblo completo buscaba salidas para
calmar las ansias de probar un bocado de comida, pero ante la desesperación solo
encontró la opción más fácil: robar.
Según
Flavio Magno (583) : “La pobreza es madre del delito”.
Justificación que refleja que la aristocracia solo le importaba su bienestar y
que el pueblo es libre de cometer robos porque así se situó el contexto. La idea de que la opresión y la miseria
justifican el robo goza de amplia aceptación. Por ejemplo Tomemos por el relato
del siglo XIV sobre Robín Hood, el legendario proscrito que despojaba a
los ricos y repartía el botín entre los necesitados. Durante siglos se le ha
tenido por héroe.
Sin embargo, la idea de robo es mucho más pesado que
solo convertirte en héroe ser un ladrón abarca los seños, las miradas de
desprecio y sobre todo, realizar actos que permitan reconocer que lo que
hiciste antes es solo tu pasado y deseas ser aceptado nuevamente pero debes enfrentar
numerosas pruebas para conseguir, y mantener, la honradez que te has prometido.
En
la actualidad no existe un cambio, pues muchas personas aún van a la cárcel por robarse un
litro de leche, una manzana, una rodaja de carne o unas latas de atún, porque
no tenían dinero y necesitaban comer. La historia de hombres y mujeres en
nuestro país, que tienen que pagar condenas desproporcionadas en prisión, a
veces por robar alimentos o artículos cuyos precios no rebasaban los 5 soles.
En el año 2015 el periódico digital, publicó un artículo donde daba a conocer
la existencia de aproximadamente 7000 personas en prisión, que robaron por la
necesidad de comer, siendo la mayoría mujeres. Este artículo es apenas un botón
que muestra la existencia de miles y miles de personas en nuestro país, que
protagonizan el papel de Jean Valjean en la realidad, y que son arrojados a
pudrirse en calabozos, de los que es muy probable que salgan corrompidos, con
un profundo resentimiento hacia la sociedad.
Prueba que es reflejada en la obra con la historia que es
protagonizada por Jean que después de
haber cumplido su condenada, sale con un profundo odio, pero siempre existe
alguien que hace que renovemos esos sentimientos, el obispo MYRIEL fue la
persona que ayudo a este hombre a tener en cuenta que tiene la potestad de
cambiar ese pasado en algo bueno e increíble, hizo que cure ese odio y renovado
realizo un invento que cambiaría la vida a todo un pueblo.
Desgraciadamente
en las Escrituras se condenan con
claridad el robo. El séptimo mandamiento del Decálogo dice: “No debes hurtar”. (Éxodo 20:15.). Porque así sea una migaja de pan o alimento estos son
retenidos por una persona que no es el dueño y que constituye un delito, el
cual a pesar de tener las ganas de comer no es excusa para realizarlo. Victor
Hugo se encarga de hacer una fuerte crítica a las leyes de su tiempo, así́ como
a la manera mecánica en que las aplicaban los jueces. Mediante un poderoso
clamor, este novelista romántico se quejó́ del sufrimiento por el que pasaban
día tras día los miembros de aquellos sectores más desdichados de su tiempo,
los pobres, los hambrientos, los desprotegidos, los huérfanos, las madres
solteras, los ex convictos que no podían rehacer su vida. En fin, para
englobarlos en una sola idea: Los miserables.
En conclusión, robar no debe ser un acto para satisfacer la
necesidad de alimentarse, quizás nuestro personaje principal no se dio cuenta
que su accionar le traería muchos problema, a pesar de situarse en un contexto
duro y lleno de miserias, fue mejor pensar en un acto más sensato y honrado
para no sufrir las miradas de la gente por la mala decisión que tomo.
En
caso de que la pobreza este detrás de ustedes, siempre habrá una salida o una
solución que ayudara a que tu dignidad y tu vida este llena de valor, ademas
que Víctor Hugo nos presenta a personas que han de librar una lucha encarnizada
con sus destinos, intentando conseguir algún tipo de redención. De manera que
si luchamos por algo que nos está destruyendo o llevándonos a la muerte, al final siempre existe una
recompensa por no convertirte en un
ladrón, sin embargo si examinamos las injusticias que estaban sujetas a esa
Francia en el siglo XIX, donde la pobreza era la primera razón de padecimiento,
la necesidad de dinero era inalcanzable para todos y que un hombre haya robado
por su familia, no justifica el hurto.